¿Qué estudiar para aprender a cocinar? Guía práctica desde cero

¿Qué estudiar para aprender a cocinar? Guía práctica desde cero
20 febrero 2026 0 Comentarios Iñigo Ortellado

¿Te has sentado alguna vez en la cocina y te has preguntado por dónde empezar? No necesitas ser un chef profesional ni tener un título en gastronomía para cocinar bien. Lo único que necesitas es empezar. Y no, no es solo seguir recetas. Aprender a cocinar es entender lo que pasa cuando calientas, mezclas, salteas o horneas. Es saber por qué el pan se dora, por qué el pollo se seca si lo cocinas demasiado, o por qué una salsa se rompe y cómo arreglarla.

Lo básico que nadie te enseña

La mayoría de los cursos de cocina empiezan por recetas complicadas: paella, risotto, cochinillo. Pero si no sabes cómo manejar una cuchara de madera, no importa cuántas recetas memorices. Lo primero que debes aprender son las técnicas fundamentales: cortar, saltear, hervir, asar y emulsionar.

Cortar no es solo picar cebolla. Es saber que una cebolla en juliana se cocina de forma distinta que una en dados. Que un ajo picado muy fino se quema rápido, y que un pimiento en tiras se ablanda sin perder textura. Si no dominas esto, cualquier receta se convierte en un juego de azar.

Saltear no es freír. Saltear es usar fuego alto, poco aceite, y mover rápido. Es lo que hace que las verduras conserven su crujido y su color. Si lo haces lento, se cocinan al vapor y se vuelven blandas. Si lo haces con demasiado aceite, se empapan. Y si no calientas bien la sartén antes de poner el alimento, se pegará. Esto no es magia. Es física.

Los 5 pilares de la cocina española

Si quieres cocinar como en España, no basta con hacer paella. Hay cinco pilares que sostienen la cocina tradicional:

  • El aceite de oliva virgen extra: No es un ingrediente más. Es el sabor base. Usa uno de calidad, pero no lo calientes hasta que humee. Su punto de humo está entre 180 y 210 °C. Si lo superas, pierde sabor y se vuelve amargo.
  • El sofrito: No es una salsa, es un fundamento. Cebolla, ajo, tomate y pimiento, lentamente, en aceite, sin prisa. Se hace en 20 minutos, no en 5. Es lo que da profundidad a las guisos, las salsas y las carnes.
  • El vino y los caldos: Nunca uses agua en lugar de caldo. Un caldo casero de pollo o verduras, hecho con huesos y hierbas, cambia todo. El vino, aunque sea un poco, aporta acidez y complejidad. No es para emborrachar, es para equilibrar.
  • El tiempo y la paciencia: Una tortilla de patatas no se hace en 10 minutos. Una caldereta necesita 3 horas. Cocinar bien no es rápido. Es constante.
  • El equilibrio de sabores: Sal, ácido, dulce, amargo. Una buena cocina española no es solo salada. Un toque de vinagre en una ensalada, un poco de miel en un adobo, un poco de pimentón ahumado... son detalles que marcan la diferencia.

Qué estudiar: de lo simple a lo complejo

No necesitas un curso de 6 meses. Lo que necesitas es un plan claro:

  1. Domina el corte y la preparación: Aprende a cortar cebolla, pimiento, ajo, patata y zanahoria. Práctica hasta que lo hagas sin mirar. Usa un cuchillo afilado. Un cuchillo mal afilado es más peligroso que uno afilado.
  2. Domina las técnicas de cocción: Hervir, vapor, saltear, asar, hornear. Prueba el mismo ingrediente (por ejemplo, zanahoria) por cada método. Notarás la diferencia en textura y sabor.
  3. Conoce los ingredientes básicos: No basta con saber que hay tomate. Hay tomate de pera, tomate frito, tomate natural, tomate en conserva. Cada uno tiene su uso. Lo mismo con el aceite, el vinagre, el azafrán, el pimentón, el chorizo, el jamón.
  4. Aprende a hacer salsas básicas: Alioli, mayonesa, salsa de tomate casera, bechamel, salsa de vino. Estas son las bases de casi todo. Si sabes hacer una bechamel, puedes hacer una lasaña, una gratinada o un puré de coliflor con queso.
  5. Practica recetas clásicas con sentido: No copies recetas de internet. Elige 3 platos españoles y hazlos 5 veces cada uno: tortilla de patatas, gazpacho, fabada asturiana. Cada vez, cambia un detalle: el tipo de patata, el tiempo de cocción, el aceite. Aprende por prueba y error.
Sofrito cocinándose lentamente en una olla de barro con aceite de oliva y verduras.

Qué evitar al empezar

Hay errores que todos cometemos al principio, y que nadie te dice:

  • No compres 20 utensilios: No necesitas una máquina de pasta, un termómetro de cocina, ni una freidora de aire. Una sartén, una olla, un cuchillo, una tabla de cortar y una cuchara de madera son suficientes.
  • No sigas recetas de YouTube sin entender: Si no sabes por qué se añade el vinagre en el gazpacho, no sabes qué hacer si no tienes vinagre. Entiende el porqué, no solo el cómo.
  • No te rindas por un plato mal hecho: Tu primera tortilla puede ser demasiado líquida. Tu primera salsa puede estar aguada. Eso no significa que no puedas cocinar. Significa que estás aprendiendo.
  • No compares tu cocina con la de los chefs: Ellos tienen equipos, tiempo y entrenamiento. Tú tienes tu cocina, tus ingredientes y tu ritmo. Eso es suficiente.

Recursos que realmente funcionan

Si quieres estudiar de forma estructurada, hay opciones reales:

  • Libros: "La cocina de la abuela" de Teresa Tárraga, "Cocina casera española" de Ángel Rodríguez. Son libros con recetas probadas, no con fotos bonitas.
  • Cursos presenciales: En Bilbao, hay escuelas como "Cocina con Alma" o "La Escuela del Sabor". No son caros. Cuestan entre 80 y 150 euros por un curso de 6 semanas. Lo que aprendes allí no lo aprendes en un video.
  • Clubes de cocina: Busca grupos locales. En muchos pueblos hay clubes donde la gente se reúne a cocinar juntos. No es un curso. Es aprender por imitación y práctica.
Tres manos en distintas etapas de aprendizaje cocinando la tortilla española.

¿Cuánto tiempo se tarda en aprender?

No hay un plazo mágico. Pero si cocinas 3 veces por semana, en 3 meses sabrás hacer 10 platos españoles de memoria. En 6 meses, podrás improvisar con lo que tengas en la nevera. En un año, podrás cocinar una cena para 6 personas sin mirar una receta.

Lo que importa no es la perfección. Es la consistencia. Cocinar no es un talento. Es un hábito. Y como todo hábito, se construye con repetición, no con inspiración.

Lo que nadie te dice: la cocina es un lenguaje

Cada región de España tiene su forma de cocinar. En Galicia, usan pimentón dulce. En Andalucía, usan vinagre de jerez. En Castilla, usan aceite de oliva y ajo. No es solo sabor. Es identidad.

Aprender a cocinar es aprender a entender a la gente. Cuando haces una fabada, no estás solo cocinando judías. Estás conectándote con Asturias. Cuando haces una paella, no estás cocinando arroz. Estás respetando un ritual.

La cocina no es un oficio. Es una forma de decir "te quiero" sin palabras.

¿Se puede aprender a cocinar sin ir a una escuela?

Sí, y la mayoría de los buenos cocineros nunca fueron a una escuela. Lo que importa es la práctica constante, la curiosidad y la paciencia. Puedes aprender con libros, videos, y sobre todo, cocinando todos los días. Las escuelas ayudan, pero no son necesarias.

¿Cuál es el error más común al empezar a cocinar?

Usar ingredientes de mala calidad por pensar que "la receta lo arreglará". No importa qué receta sigas: si usas aceite rancio, tomate en lata de baja calidad o carne congelada sin descongelar bien, el plato saldrá mal. La base de una buena cocina es la calidad de los ingredientes, no la complejidad de la receta.

¿Es necesario tener un cuchillo caro para cocinar bien?

No. Lo que importa es que esté afilado. Un cuchillo de 20 euros, bien afilado, funciona mejor que uno de 200 euros, embotado. Lo que sí necesitas es un buen afilador o llevarlo a afilar cada 3 meses. Un cuchillo mal afilado es peligroso y hace que el corte sea inexacto.

¿Qué plato español debería empezar a aprender primero?

La tortilla de patatas. Es sencilla, requiere pocos ingredientes, y te enseña lo esencial: control de temperatura, equilibrio de sabores, y paciencia. Si la haces bien, sabrás manejar el fuego, la textura y el tiempo. Es la prueba de fuego para cualquier principiante.

¿Cuántas veces hay que repetir una receta para dominarla?

Entre 3 y 5 veces. Pero no basta con repetirla igual. Cada vez, haz un cambio: más huevo, menos cebolla, un poco más de tiempo. Así aprendes por qué cada ingrediente importa. La repetición sin reflexión no enseña. La repetición con atención sí.